El Chotacabras, maestro del camuflaje.
¿Qué es un Chotacabras?
La Sierra Norte de Sevilla, alberga ecosistemas de dehesa que son auténticos santuarios para la biodiversidad. Entre estos rincones se encuentra el Encinar de Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos, que desde el punto de vista ornitológico es el hogar de uno de los maestros del camuflaje más asombrosos de Europa, el Chotacabras, un ave muy discreta y a la vez, fascinante.
En la zona de Escardiel podemos encontrar dos especies principales que, aunque similares a simple vista, presentan diferencias sutiles:
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Chotacabras Europeo (Caprimulgus europaeus): De tonos más grisáceos, es un visitante estival que llega desde África para reproducirse en nuestras latitudes.
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Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis): Algo mayor en tamaño y con un característico collar de tonos ocres o rojizos. Es especialmente común en el sur de la península ibérica.
Adaptaciones evolutivas, el maestro del disfraz
La supervivencia del chotacabras en el encinar depende de su invisibilidad. Su plumaje es un ejemplo perfecto de cripsis, los patrones de manchas marrones, grises y negras imitan la textura de la corteza de la encina (Quercus ilex) y la hojarasca seca.

Durante el día, el ave descansa inmóvil, a menudo colocándose de forma longitudinal sobre una rama en lugar de transversalmente, lo que rompe su silueta y lo hace virtualmente indetectable para los depredadores.
Comportamiento y etología nocturna
Al caer el crepúsculo, el chotacabras abandona su letargo. Su vuelo es errático, silencioso y extremadamente ágil, recordándonos al de los vencejos o las golondrinas, pero en versión nocturna.
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Alimentación Especializada: Son insectívoros aéreos. Su boca posee una apertura desproporcionada en comparación con su pico, rodeada de vibrisas (cerdas táctiles) que funcionan como un embudo para capturar polillas, coleópteros y otros insectos en pleno vuelo.
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El Canto como Referencia: El macho emite un trino monótono y vibrante, un «ronroneo» mecánico que puede durar varios minutos. En el silencio del Encinar de Escardiel, este sonido se convierte en la banda sonora de las noches de verano.
El Chotacabras en la cultura popular
El nombre «chotacabras» deriva de la creencia errónea de que estas aves succionaban la leche de las ubres del ganado (del latín capra -cabra- y mulge -ordeñar-). En los alrededores de Castilblanco, los pastores antiguos solían verlos revoloteando entre las patas de los animales. Hoy sabemos que su presencia se debe a la gran cantidad de insectos que el ganado atrae y levanta al caminar; el chotacabras, lejos de ser un parásito, es un aliado que limpia el entorno de plagas.
Conservación en el Encinar de Escardiel
La conservación de este hábitat es crucial. El chotacabras anida directamente en el suelo, sin construir nidos, lo que lo hace vulnerable a la limpieza mecánica excesiva del sotobosque, al pastoreo intensivo fuera de temporada y a los vehículos en caminos rurales (suelen posarse en los caminos para aprovechar el calor del suelo o «bañarse» en polvo).
Visitar el Encinar de Escardiel es una oportunidad para conectar con la naturaleza más virgen de la Sierra Norte. Observar —o simplemente escuchar— al chotacabras es recordar que la noche de nuestra sierra está llena de vida, misterio y una belleza técnica difícil de igualar.
Nota para el lector: Si realizas una ruta nocturna por Escardiel, recuerda caminar siempre por los senderos y evitar el uso de flashes directos para no perturbar el ciclo vital de esta especie protegida.




